Política. El declive de Europa ya es un lugar común que nada aporta al debate sobre nuestro futuro. Menos cuando de lo que se trata es de salir de la crisis y aun no de preguntarse sobre cómo quedará Europa después. Cuando llegue el momento de responder al interrogante, esperemos que más pronto que tarde, habrá que tener claro el punto de partida, la geografía política de la Europa declinante, que aceleró su hundimiento cuando colisionó con el iceberg.
Si alguien nos puede ayudar a levantar esta cartografía intelectual es José Ignacio Torreblanca, profesor de ciencia política en la UNED, director de la oficina española de uno de los más destacados think tanks europeo y europeísta como es el European Center on Foreign Relations y columnista al que ustedes pueden leer semanalmente en las páginas de Internacional de este periódico. Como observador atento y documentado de la actualidad global y estudioso de las instituciones europeas, Torreblanca nos da un diagnóstico matizado y equilibrado sobre el horizonte que tiene ante sí la Unión Europea en este momento de transformación y desplazamiento de poder económico y político, a tanta distancia del eurocatastrofismo ahora tan transitado como del negacionismo piadoso que quiere ver un renacimiento europeo en cada cumbre, aunque a las pocas horas quede desmentido. (...)
¿Por qué los comunistas chinos son mejores capitalistas que nosotros? Ciertamente, es un sistema lleno de paradojas, como la coexistencia de la máxima intervención y control del Estado y la máxima falta de prejuicios de la iniciativa privada. Pero las contradicciones de Occidente son especulares, y la supuesta primacía de nuestro sistema político-económico o es más que un postulado ideológico. (...)
Estamos en elecciones, y los políticos se apresuran a publicar sus menorias. Mariano Rajoy, el amigo de los niños, publica sus memorias. No sé vosotros, pero yo tengo mucha curiosidad en leerlo.
Y dice: "Quiero exponer cuáles son mis ideas sobre el presente y el futuro de España, las líneas fundamentales de una alternativa necesaria, cómo salir de la situación actual y definir nuestro futuro» ahí queda eso (...)
Libros para votar
¡Votad la dosglobalización! de Arnaud Montebourg
El diputado socialista francés y candidato a las primarias de su partido en noviembre apuesta en este bestseller por la desglobalización. Breve y directo, con los argumentos necesarios para la izquierda, como un programa político. “El error del libre cambio ha abierto también la tumba de la política; la muerte lenta del derecho de los pueblos a elegir libremente su fiscalidad, su derecho al trabajo y su nivel salarial.” (...)
La trastienda de la mala política
El secuestro de la democracia deJosé Antonio Piqueras/ Antonio Laguna Platero/ Francesc Andreu Martínez Gallego/ Antonio Alaminos Chica.
"La intensidad del periodismo, en ocasiones, produce disloque a la hora de obtener conclusiones globales. Por eso, para responder a estas y otras preguntas, era preciso un análisis de conjunto que estableciese relaciones (...)
Se cumplen 80 años de la aprobación en las Cortes españolas del sufragio femenino, que otorgó a la otra mitad de la sociedad el derecho a decidir su propio futuro. Fue un momento clave en la historia de España. Esa lucha tuvo un nombre: Clara Campoamor, que nadie olvide su nombre.
Un libro sobre el debate que hubo en España hace 75 años sobre el derecho de voto de la mujer.
Hace ya 75 años que la mujer consiguió el derecho a votar; fue exactamente el 1 de octubre cuando fue aprobado por el Congreso de los Diputados el sufragio universal. Una pieza fundamental en este proceso fue Clara Campoamor. Escrito de forma novelada, en primera persona, Isaías Lafuente nos relata la historia de esta extraordinaria mujer, diputada en las Cortes y defensora acérrima de la igualdad de derechos entre los dos géneros. (...)
¡Leed!, hace pensar. ¡Leed este libro! Hablemos claro, esta recomendación no es casual, nuestro libro de la semana no es arbitrario: coincide con el domingo de elecciones. Desde El Cresol creemos que la jornada de reflexión de cualquier ciudadano debería durar 176 páginas, y luego elegir. Nunca con miedo. Y ahora, lector adulto, que sabes que voy a intentar mediatizarte para que reacciones, comencemos a razonar:
El pasado domingo 15 de mayo, en las principales capitales de provincia, se manifestaba la indignación de miles de personas. Eran ciudadanos descontentos con la clase política y financiera del país. “No nos representáis”, gritaban. Si ha escuchado la radio esta mañana o leído algún periódico, seguro que ha encontrado medios parciales que agitan al ciudadano miedoso, acusando a los manifestantes de antisistema, terroristas, anarcos y anticapitalistas, todos agentes de un contubernio que “amenaza la civilización occidental”. Si ha escuchado otros medios, habrá encontrado a algún CIUDADANO+1 de puño en alto, medallero y revolucionario, dispuesto a guiar al pueblo sediento de guillotinas justicieras contra el stablishment imperialista. (...)
Yendo con un compañero en el coche, hablábamos de la actual capacidad de movilización de la clase política. Ambos representábamos dos generaciones distintas, la que conducía, la generación de la transición, que vivió creyendo que la política era la salvación para conseguir la libertad, y la mía, de copiloto, que piensa que hay que saltarse la política para poder ser del todo libres. Afortunadamente, los dos nos equivocamos. Me hablaba de la pasividad de la sociedad actual como una señal preocupante, incomprensible, y ya difícil de invertir. Yo lo achacaba a una apatía de la sociedad, por no hablar de mi generación, por el exceso de “contextualización” de la clase política y mediática. Una semana después, ambos nos volvíamos a encontrar en una manifestación contra la corrupción en el centro de Valencia, junto a 6.000 ciudadanos descontentos (hago la media, 3500 según la policía y 16.000 según los organizadores)
Decir que los tiempos han cambiado también es un tópico, pero que a veces reflejan una constante en las sociedades. Los tiempos están cambiando. Las movilizaciones “a lo Mayo del 68” ya no se producen, yo creo que debido a un cambio de estilo de la vida occidental. (...)
Especial Día de Europa. La perspectiva de una «literatura europea», más allá de lenguas o de estados, como expresión del desarrollo colectivo de una cultura común, sin limitar los planteamientos anteriores, los unifica y generaliza y permite estudiarlos como un conjunto fuertemente cohesionado.